sábado, 8 de octubre de 2011

La libertad de expresión en los medios; La libertad en Intereconomía

La polémica intención de ejercer un control político sobre los Informativos de RTVE ha avivado la llama de un debate que, lejos de acabar, toma presencia y genera controversia ciudadana.

Controlar la información bajo una ideología no es algo que nos despierte especial interés, sin embargo, la cosa cambia cuando esa ideología pasa de la iniciativa privada al Ente público, pero, quizás debiéramos preguntarnos si presentar una información con total objetividad es algo que solo podemos exigirle a la empresa pública dando por hecho que la información de las empresas privadas no lo es.

En este ámbito me veo abocado a denunciar lo que considero un ataque continuado a la libertad de expresión, a la inteligencia e incluso a la democracia, esto es, el grupo Intereconomía.

Tomar información de Intereconomía es como pedirle a Fraga que corra los 100 metros lisos, una gran incongruencia, pues para que haya información primero ha de haber un principio de informar y no de manipular.

El testimonio comunicador de este grupo, adscrito al llamado movimiento “Tea Party” o como dicen algunos para suavizarlo “los ultra-centristas” (que no de derechas por dios), ni siquiera intenta parecerse a la realidad, servirse de la mentira está justificado si con eso se pueden reafirmar los más radicales dogmas católicos o la derecha más guerra-civilista.

Pero no quiero con esto hacer un discurso populista sino muy justificado, ¿sabe usted cuántas personas mueren en África por no llevar el preservativo a causa de las Enfermedades de Trasmisión Sexual? La respuesta es cientos de miles, y digo esto porque en el telediario de Intereconomía  se manipula y se miente al decir que el preservativo en África puede ser… PELIGROSO.


¿Cómo se puede incurrir en semejante insulto al sentido común?, Pues con mucha cara y muy poquita ética.

Ahora quiero mostrar cómo su descaro va aún más allá, en esta ocasión Zapatero es comparado con Stalin y Hitler, para decir que “mata” a niños antes de nacer por despenalizar el aborto, y compara el socialismo democrático del PSOE con los grandes totalitarismos, entre los que se cuenta el del ultraderechista y amigo de Franco, Hitler.


Hay una frase que dice “los amigos de mis amigos son mis amigos”, en tal caso Intereconomía no debiera despreciar a Hitler cuando por otro lado ensalza a otro Genocida, Francisco Franco.


También atacan a aquellos cuya tendencia sexual no responde a lo que ellos entienden como “normal”, (aunque me resulta un poco raro que los que piensan esto si se consideren normales)


Para terminar con la gota que colma el vaso también hacen apología de la derecha, ¿Cómo?, estereotipando negativamente a la izquierda, eso es respeto por las opciones democráticas.


En definitiva todos estos son unos pocos ejemplos de los muchos que diariamente vemos en Intereconomía televisión o radio y en La Gaceta, su panfleto político disfrazado de periódico cuyo sesgado testimonio hace que muchos, no todos, se sientan como cuando veían el No-Do, es decir “como en casa”.

La democracia se ha construido con sangre, sudor y lágrimas, y a pesar de que algunos añoren tiempos pasados debemos construir medios libres sí, pero no medios que trasvasen las líneas de las libertades fundamentales.

Siempre tengo en cuenta que mi libertad acaba donde empieza la del otro y me gustaría pensar que en este medio se van a comenzar a respetar libertades, aunque no lo espero, y menos ahora que se avecina tormenta, la tormenta del PP en las próximas generales, y ante esto ni siquiera descarto que RTVE coja la señal de Intereconomía y “pa lante” pensando incluso que su criterio ha de ser el único válido; ¡pues no!, y ante esto yo me quejo y digo BASTA, basta de manipulación, basta de mentiras y basta de querer generar una ciudadanía que no piense y que se deje manipular.

Afortunadamente no todos somos como Intereconomía, y quiero destacar incluso que en ese grupo hay profesionales (espero que los muchos otros integrantes se contagien), por eso sobre todo debemos pensar por nosotros mismos y discernir con la fuerza de nuestra voluntad personal, que no está vendida a nadie, lo que es o no información y lo que es o no una gran bulo.

En conclusión, la exigencia de la calidad debería abarcar todos los ámbitos de la comunicación, y la solución a esto no es ni mucho menos un consejo censor, sino más bien una apuesta por la pluralidad y la heterogeneidad en los diferentes medios, una apuesta para difundir informaciones que se ajusten simple y llanamente a la realidad, una realidad que no es la de uno, sino la suma de las diferentes visiones. A aquellos que se den por aludidos, den información, den calidad y den periodismo.
Pedro I. R.